Novia: -observa con atención el catalogo que sostiene en sus manos y con mucha delicadeza pero con ganas de obtenerlo dice- Ojalá podríamos tener ese auto tan lujoso, que esta aquí.
Novio: Pero nuestra actividad económica no es tan segura como para tener algo así amor.
Ella: pero amor, trabajaré horas si quieres. No pediré mi salario ni aumentos hasta que recaudemos toda esa suma de dinero.
Él: ¿Para qué? ¿Para que en unos meses te canses y digas quiero uno nuevo? No querida, perdona.
Ella: Eres muy injusto, todo lo quieres para tu bien. Pero aquí mí bien vale también.
Él mira con un cierto desdén hacia el piso, intentando obtener otra cosa que no sea un suspiro de ganas de hacerla entender de formas más bruscas que no se podía.
Ella: Qué? Molestó lo que dije? Oh, piensas que tengo razón, lo sabía.
Él: No, no tienes razón. Mí felicidad, y tú felicidad valen mucho. Pero a tu lado, encuentro todo lo que esperaba y necesitaba. En cambio, al lado de un lujo del mundo, ¿Qué encuentro?
Ella solo pudo soltar una sonrisa y pedir perdón por no tener en cuenta que podrían invertir en cosas que valgan más la pena. Y pudo tener en cuenta que él, era su lujo preferido. Nunca se agotaba, su brillo estaba siempre ahí.
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